NÚCLEOS DE LA EXPOSICIÓN
El orden material de las cosas está dividida en cuatro núcleos temáticos que son:
- Naturaleza muerta
- Objetos simbólicos
- El objeto entra en escena
- Nuevos Realismos
- El objeto anómalo y el arte contemporáneo de los años noventa
- La materialidad de la ciudad.

Naturaleza Muerta
En el siglo XVII surge y se consolida el género conocido como naturaleza muerta . Durante el llamado "Siglo de Oro" de la pintura holandesa y española, el nuevo género florece y produce modelos y variaciones como el bodegón y el vanitas . En el mismo siglo, la naturaleza muerta también se institucionaliza como un género académico a partir de su consideración dentro de la Academia de Bellas Artes de Francia. No obstante, nunca gozó de mucha popularidad y era visto como inferior a la pintura histórica, al retrato o el paisaje. Fue hasta la segunda década del siglo XX que este género de la pintura se encuentra en el centro del desarrollo de una estética de vanguardia. Con el cubismo, la naturaleza muerta estuvo presente en la creación del collage así como en la introducción de fragmentos de objetos cotidianos, principalmente impresos en la obra de arte.

El objeto entra en escena
El dadá y el surrealismo fueron dos vanguardias históricas europeas que realmente tuvieron un impacto y mantuvieron un diálogo internacional. En relación al objeto y su presencia en la obra de arte, son primordiales. Con el dadá y el surrealismo, el objeto entra en escena y su uso se sistematiza con fines críticos. Tal es el caso de Marcel Duchamp quien expuso por primera vez un readymade en la ciudad de Nueva York: Fountain , 1917 (en la actualidad existe un debate sobre la autoría de esta pieza que involucra a Duchamp y Elsa von FreytagLoringhoven). El readymade inauguró el desconcierto sobre el objeto cotidiano en el arte al presentar un urinario firmado como una obra para ser presentada en una exposición.

Un colaborador cercano al grupo neoyorkino de dadá, en el que se encontraba Duchamp, fue el mexicano Marius de Zayas quien compartió parte del interés en los objetos de producción serial. El ocaso del dadá dio pie al surgimiento del surrealismo en 1924. Existieron algunos artistas, principalmente pintores, que en momentos se acercaron a la estética del surrealismo y acudieron a objetos con el fin de animarlos o darles un aspecto humano en sus imágenes, como sucede con la pintura de Guillermo Meza, Capa roja (s/f).

Nuevos Realismos
A inicios de la segunda mitad del siglo XX, numerosos artistas en Europa y América llevaron a cabo una reapreciación y actualización del legado dadá y el surrealismo. Estrategias como el readymade o soluciones como los ensambles de objetos fueron apropiadas y utilizadas con nuevos fines por distintos grupos de artistas. Entre estos se encontraban los "nuevos realistas", presentados por el crítico francés Pierre Restrany.

Aunque el artista de origen alemán Mathias Goeritz se estableció en México desde 1949, nunca cesó de dialogar con varias de las neovanguardias europeas que se gestaron a inicios de la segunda mitad del siglo XX, como los "nuevos realistas" abanderados por Restrany. En 1960, Goeritz presentó su exposición El Realismo de Mathias Goeritz con varias piezas de la serie Mensajes que comenzó a producir a finales de los cincuenta. El artista quería que los materiales con los que están hechas las piezas de esta serie (láminas metálicas perforadas o superficies cubiertas de hoja de oro) se comprendieran más allá de su materialidad y por lo mismo perfiló esta serie como obras de carácter religioso. El tema de la integración plástica en la arquitectura siempre fue de relevancia para el artista alemán y lo llevó a producir Mensajes a manera de murale s, como es la obra presentada en esta exposición, Mensaje, decoración mural (1970).

La presencia del objeto en las prácticas artísticas de los años cincuenta, sesenta y setenta también fue central en obras que revisaban la acelerada cultura de consumo que floreció durante la posguerra global así como en proyectos ligados a distintas estrategias conceptuales que lo utilizaron, por principio, con fines anti-artísticos. En México, el trabajo de Juan José Gurrola se puede relacionar con ambos propósitos. Monoblock (1971) es una obra compleja que comprende performance, varios textos, una serie de fotografías y un ensamble de objetos compuesto de un refrigerador industrial de vitrina que guarda un bloque de cilindros para el motor de un automóvil, una pieza conocida como monoblock, la única parte para motores de automóvil que no se fabricaba en México y, por lo tanto, se tenía que importar de Estados Unidos. Esta dependencia de carácter industrial resuena con las supuestas condiciones del Tratado de Bucareli ("Convención Especial de Reclamaciones"), acuerdo firmado entre los dos países en 1923 con fin de reparar los daños causados por la Revolución de 1910. Teniendo en cuenta lo anterior, la exhibición del Monoblock dentro del refrigerador se relaciona con cierta idea de consumo, donde esta pieza se vuelve un artículo de primera necesidad dentro de los procesos de industrialización nacional.

El objeto anómalo y el arte contemporáneo de los años noventa
En la última década del siglo XX, el objeto empezó a proliferar en el campo del arte, quizá, como nunca antes. Un término conceptualizado durante los primeros años del siglo XXI sobre este tipo de prácticas artísticas de los años noventa es el de objeto anómalo . De acuerdo con el historiador de arte, Cuauhtémoc Medina, comprende estrategias que rechazan "el arte como una práctica normada en torno a objetos también normados". El objeto anómalo es "extraído de la indiferencia de lo cotidiano" con fines críticos.

Uno de los artistas clave para esta apreciación del objeto fue Gabriel Orozco quien los empleó en su producción de fotografías, esculturas, instalaciones e intervenciones urbanas. El artista reivindicó prácticas artísticas como el readymade que en México causaron un fuerte desconcierto. Orozco es también relevante en su relación con un grupo de artistas que, como él, hicieron del objeto cotidiano un material habitual en su producción como lo son Abraham Cruzvillegas, Gabriel Kuri, Damián Ortega y Jerónimo López (Dr. Lakra). No obstante, la estrategia del objeto no se limitaba a este grupo. Las piezas de Claudia Fernandez, Thomas Glassford y el colectivo SEMEFO son prueba de esto. La pieza, Memoria fosilizada (1996), de este último grupo, presenta un bloque regular de concreto que en su interior guarda 2,423 objetos que portaban 246 personas al momento de morir en forma violenta. Aunque no son visibles, la información sobre la presencia de estos objetos incita a la reflexión y trastoca la "pureza", por así decirlo, asociada a las soluciones minimalistas y el lenguaje geométrico en el arte.

La materialidad de la ciudad
Las prácticas de las vanguardias históricas no consideraron únicamente a los objetos cotidianos como un nuevo material para reflexionar y producir obras artísticas, esto también lo hicieron con el espacio de la ciudad, su materialidad, su arquitectura y urbanismo. En lo que respecta a representaciones de la imagen de la ciudad, My dress hangs there ( Mi vestido cuelga ahí ), 1933 de Frida Kahlo, ofrece un panorama de la ciudad de Nueva York como un sitio de desarrollo industrial y agitación social. La imagen de esta ciudad es, por lo tanto, moderna; en sintonía con las soluciones plásticas (el collage ) que la artista utilizó en la pieza. En el panorama aparecen distintos monumentos, incluyendo uno que sostiene, como gesto dadá, a un retrete. En Los mitos (1944), Juan O´Gorman articula un paisaje donde sobresale un conjunto urbano e industrial. Crítico del pensamiento mítico, el pintor incluye en esta pintura, a manera de una estratificación casi geológica, desde imágenes que pueden recordar episodios bíblicos hasta la misma idea de progreso que conlleva el proyecto de modernidad.

La materialidad de la ciudad también ha sido un campo de investigación para el arte contemporáneo. Algunos artistas, por ejemplo, han decidido trabajo a partir de los significados que han adquirido, desde su construcción, algunos edificios que han llegado a ser considerados icónicos – como sucede con Jorge Méndez Blake y la Biblioteca Vasconcelos o Damián Ortega y la Torre Latinoamericana.

© MUSEO DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE MONTERREY, 2016 | Zuazua y Jardón S/N, Centro. Monterrey, N.L. Mexico, 64000 | Ph. +52 (81) 8262.4500

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